Chileno Nicolás Zepeda, es condenado en Francia a 28 años de prisión

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Foto: AFP

Condena a 28 años de prisión al chileno Nicolás Zepeda, la mañana de este martes 12 de abril, en Francia por el asesinato de su exnovia japonesa Narumi Kurosaki en diciembre de 2016.

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Cuando se anunció el fallo del jurado, compuesto de nueve miembros, tras cuatro horas de deliberación, el chileno, vestido con una camisa azul y una corbata oscura, permaneció impasible en el banquillo de los acusados, con semblante cansado.

La condena emitida en Besanzón, en el este de Francia, incluye una «prohibición definitiva» de entrada al territorio francés y de porte de armas, indicó el juez Matthieu Husson.

Durante el juicio que comenzó el pasado 29 de marzo, Zepeda, de 31 años, negó reiteradamente los cargos: matar a Kurosaki en diciembre de 2016 en Besanzón -donde la joven se encontraba estudiando el idioma- y deshacerse del cadáver, movido por los «celos».

«Nunca quise estar en medio del dolor de la familia de Narumi, nunca quise estar en medio del dolor de mi propia familia, de mi propio dolor, pero no soy un asesino, no soy el asesino de Narumi», había declarado Zepeda este martes al inicio de la audiencia, expresándose por primera vez en francés desde que empezó el proceso, en su última declaración antes de que el jurado se retirase a deliberar.

El lunes, el fiscal Étienne Manteaux había solicitado que el chileno fuera «condenado a la reclusión criminal perpetua», insistiendo en que Zepeda «mató deliberadamente a su exnovia con premeditación», al no haber logrado que esta retomara la relación sentimental, que había terminado el otoño anterior.

El chileno Nicolás Zepeda y su exnovia japonesa tuvieron una relación tormentosa

Zepeda y Kurosaki se conocieron en Japón en otoño de 2014 y unos meses después iniciaron una relación sentimental, marcada por «las rupturas y las reconciliaciones», según contó la madre de la víctima, Taeko Kurosaki, durante el juicio.

A finales de agosto de 2016, la japonesa, que tenía 21 años en aquel entonces, se mudó a Besanzón para estudiar francés, tras haber obtenido una beca. Dos meses después, su relación con Zepeda terminó.

Una separación que Zepeda habría sido incapaz de soportar, según la acusación, por lo que decidió viajar hasta Francia desde Santiago de Chile.

El 4 de diciembre de 2016, Zepeda se reencontró con Kurosaki en Besanzón y se fueron juntos a cenar a un pueblo cercano.

Tras ello, regresaron a la residencia universitaria donde se alojaba la joven, pasaron juntos cerca de 30 horas, y allí la mató, según la acusación.

Sin confesión y sin cuerpo

La falta de confesión, hace que los detalles de cómo se cometió el crimen sigan siendo un misterio.

Según la tesis del fiscal, el chileno habría «asfixiado» o «estrangulado» a la joven en la noche del 4 al 5 de diciembre, cuando varios testigos aseguran que escucharon «golpes» y unos «espantosos gritos» de mujer en la residencia universitaria, sobre las tres de la madrugada.

Tras ello, la fiscalía sospecha que Zepeda se habría deshecho del cuerpo en un bosque de la zona o arrojándolo al río Doubs, en la misma área.

En los días posteriores, según la investigación, Zepeda pirateó las cuentas de las redes sociales de su exnovia, enviando mensajes a los allegados de la joven, haciéndoles creer que esta seguía con vida y ganando así tiempo antes de regresar a Chile.

El chileno fue extraditado a Francia en 2020.

Según la versión que Zepeda defendió hasta el final, cuando él salió de la residencia, el 6 de diciembre de madrugada, Kurosaki se encontraba en perfecto estado de salud.

El lunes, la defensa del chileno, compuesta por las abogadas Jacqueline Laffont y Julie Benedetti, criticaron la «dureza» de la pena solicitada y descartaron la pista de un «proyecto de asesinato con premeditación».

El martes por la mañana, una de las abogadas de la parte civil, Sylvie Galley, que representa a la familia de la víctima, lamentó una vez más «la ausencia de confesión y de respuestas» por parte del chileno, asegurando que la familia «esperaba más».

Taeko y Kurumi Kurosaki, madre y hermana de Narumi, viajaron desde Tokio a Besanzón, en cuyo tribunal le pidieron en vano, directamente a Zepeda, al que tildaron de «monstruo» y de «demonio», que comunicara el paradero del cuerpo.